viernes, 1 de agosto de 2008

Sin prisas

Jesús conduce su rebaño solo con la prisa que las ovejas le imponen. Cada uno vive la vida a la velocidad que desea. En este extraordinario paisaje de las Villuercas la vida se torna tranquila y placentera. Cargada de paz. La gente todavía se para a hablar con un desconocido que viaja en moto y que jamás antes ha visto. Jesús perdió de vista su rebaño. Al advertirle de ello, con voz pausada me mira y dice: ¡Tranquilo hombre, tan poco habrán ido tan lejos!.

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